De la incomunicación al canto. Sobre “Memorias de una housekeeper”

junio 13, 2019 § Deja un comentario

Memorias de una housekeeper (Maclein y Parker, 2019) es el segundo título de la interesante y espléndida obra poética en marcha de Gloria de la Torre (Sevilla, 1983). Con esta nueva entrega la poeta nos ofrece un libro que consolida una voz poética iniciada con su anterior libro Tickets (Ediciones en Huida, 2015). No me refiero solo a rasgos estilísticos y formales, sino especialmente al uso del lenguaje como herramienta para unir la emoción de un sujeto lírico con su realidad empírica. Ya encontrábamos allí la preferencia por el verso corto, la polimetría, el uso de un lenguaje coloquial, cercano y actual que no desdeñaba, por ejemplo, el uso de xenismos ingleses (housekeeper, en este caso, o low cost en Tickets) para acercar una realidad sentida desde la mirada y el habla de un sujeto joven y contemporáneo. Esa mirada de un sujeto lírico actual no conforma solo una expresión lingüística, sino sobre todo refleja una tensión histórica y social, la de una crisis moral (política) y económica. A través de su poesía la autora bien puede identificarse con la voz de toda una “generación perdida” obligada a la precariedad y al éxodo laboral. La poeta consigue a través de sus poemas encontrar ese espacio lingüístico problemático para generar poemas como auténticas instantáneas emocionales. Quizás el compromiso de este nuevo libro sea más evidente desde su inicio, ya que desde el propio título nos anuncia las posibles vicisitudes de su protagonista como las memorias de una housekeeper, es decir, el relato biográfico de una ‘camarera de hotel’. Salvando las distancias, la estrategia de este título quizás pueda recordar el magistral Diario de una enfermera (2005), de Isla Correyero. De este modo, la poeta edifica sobre su propia experiencia un testimonio que conjuga sus circunstancias vitales y su verdad. Esta “verdad” personal podemos considerarla herencia del romanticismo europeo que Cernuda introdujo en nuestras letras. A partir de este planteamiento el poemario transita por la mirada de una extranjera (con el spleen de Baudelaire al fondo), el desarraigo, la nostalgia del nido, la elegía a la amiga que es figura acogedora del nórdico país, la memoria confusa, pero balsámica y reconstituyente. Y es que el sujeto poético lejos de sucumbir ante la crueldad del frío contiene en sí una suerte de fortaleza combativa ante la adversidad. Su mirada introspectiva se llena del sol vivificador de su origen para combatir de la mejor manera la desolación simbolizada por el frío de poemas como “El invierno más largo”. De este modo, la estructura del libro va modulándose desde la problemática inicial (ante el lenguaje extranjero, extraño, ajeno y el consecuente aislamiento) a una suerte de esperanza sobre la que se sostiene el simbólico canto de los pájaros, es decir, la propia poesía con la que la poeta revierte una difícil, dura, cruel circunstancia en una emocionante, mágica realidad.

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