Notas sobre un poema de “Noir”, de José Daniel García

abril 12, 2018 § Deja un comentario

ABISINIA ERA EL BLANCO, YA NO

 

Entré en la web de Harrod´s,

encargué una escafandra

serigrafiada

con palabras y ejemplos

de un diccionario escolar

monolingüe

y me sumergí,

buceando a pulmón,

en los caladeros de la lengua inglesa;

también en sus acuíferos

y en sus ríos

atestados de slang.

 

Endurecí mis brazos echando redes

sobre preposiciones y perífrasis;

para los verbos irregulares,

caña de pesca y cebo

de tres días.

 

Los fonemas fueron capturados

con técnicas de arrastre

en embarcaciones diminutas.

 

Pero la prosodia es un arte difícil.

 

¿Atrapar un acento sin arpón

y una pipa entre los labios?

Improbable.

 

                       José Daniel García

Noir (2017)

 

Por avatares académicos pude conocer este poema de José Daniel García antes de su publicación en su último libro Noir, publicado en noviembre del pasado año 2017 en la editorial sevillana La isla de Siltolá. Me complace encontrármelo, de nuevo, hoy insertado en este libro que acabo de adquirir y leer, junto a un conjunto de poemas magníficos igualmente potentes en sus “ganchos de izquierda”. Me refiero a textos que me hacen señalarlos con signos de admiración, tales como “Derrotero”, “Purificación”, “Los que te quieren [no] te olvidan”, “Al este del Edén”, “El lugar de mi confesión”, “Presagio”, “No [y] ser”, “Deseo”, o “Imagen y palabras”, este último de especial importancia para cohesionar el conjunto anterior. En definitiva, un magnífico libro de poesía nueva, moderna, que no deja de mantener una mirada comprometida con la realidad de nuestro tiempo al cual se asoma el joven poeta José Daniel García (Córdoba, 1979), autor de una premiada y exitosa trayectoria poética considerable: El sueño del monóxido (DVD, 2006), Coma (2008), Estibador de sombras (2010), así como de Fundido a rojo (2016), su primera novela publicada en la también editorial sevillana Ediciones en Huida.

Comparto las palabras del poeta José Luis Rey en la contraportada de este libro Noir:

[la emoción] queda ceñida y jamás se desborda, pues la rabia y fuerza del contenido se someten a un verso ajustado y retenido con las bridas del jinete de un verbo revelador. Libro de hondos chispazos, de spleen provinciano y lúcido, de inmersión en la poesía misma para sacar a flote los nombres y cadáveres del naufragio…

A continuación anoto las respuestas a cuatro cuestiones que pretenden abordar un acercamiento crítico sobre este sugerente poema “Abisinia era el blanco, ya no”. En fin, este par de notas:

  1. Sobre la intención del autor

En este poema la intención del autor parece consistir en plantear estéticamente una reflexión sobre el lenguaje y la sociedad globalizada del capitalismo actual, donde fácilmente es posible acceder a la compra de cualquier producto desde cualquier punto del mundo a través de internet —una escafandra que permita sumergirnos en una lengua distinta, por ejemplo—, pero donde difícilmente se permite acceder (sin arpón: sin cultura, sin crítica) a la realidad que dicho lenguaje representa. En este caso una lengua extranjera, que es también la hegemónica del mundo actual.

En el título “Abisinia era el blanco, ya no”, el topónimo “Abisinia” está cargado de al menos una doble connotación literaria. Por un lado, Abisinia es un espacio simbólico que puede aludir a la tierra donde terminó Rimbaud tras dejar la poesía con veinte años para dedicarse al tráfico de armas. Rimbaud representa precisamente el icono de la poesía joven y poderosa, representa una actitud de rebeldía inconformista y antisocial, al poeta maldito y simbolista. Aunque dejó de escribir poesía tan pronto, siguió escribiendo sus famosas Cartas abisinias. El poema podría leerse así, incluso, con el propio Rimbaud como un posible interlocutor.

Por otro lado, Abisinia constituye uno de esos espacios exóticos, lejanos y evasivos tan del gusto de la estética veneciana, novísima o posnovísima, una poesía culturalista a la que el título del poema alude a través de la sinécdoque que forma el sustantivo Abisinia. Entonces, el poeta estaría declarando en el título que esa poesía que floreció en la década de los setenta ya ha pasado y es otro el blanco, el fin de una nueva poesía. Sin embargo, a través de un juego irónico e intertextual, paradójicamente, este poema no deja de ser culturalista por esta misma referencia empleada. No obstante, frente a la poesía culturalista, en este poema metapoético la percepción del mundo no es tan hermosa, ordenada y perfecta como en las realidades proporcionadas por el arte, sino todo lo contrario, la realidad se percibe en este poema de manera problemática y difícil de entender (especialmente a lo que el arte, la “prosodia” se refiere).

Por todo esto, podemos afirmar que en el poema se cumple varias funciones: revelar el carácter de artificio del texto; despertar al lector y al autor mismo del sueño modernista de la evasión ingenua; mostrar la imposibilidad existencial de vivir en el arte y, por último, criticar dolorosamente que la realidad no sea tan hermosa, ordenada y perfecta.

  1. Sobre la tradición en que se enmarca

La plurisignificación del lenguaje poético permite interpretar esa problematización del lenguaje que plantea el poema tanto desde una perspectiva social y cultural, ya comentada, como desde una perspectiva metapoética, es decir, desde el punto de vista de la propia creación literaria.

Desde el primer punto de vista, la dificultad de una lengua extranjera (extraña) entronca con una de las manifestaciones simbólicas de la modernidad poética inaugurada por Baudelaire: el extranjero, es decir, un sujeto en constante extrañeza y extraño ante una sociedad (burguesa, bienpensante, capitalista, consumista, etc.) en la que no puede encajar. En ese choque del sujeto con la sociedad se encuentra el conflicto que el poema desarrolla.

Desde el segundo punto de vista, el metapoético, el tema se centra en la crítica del lenguaje como sistema de comunicación, de conocimiento y de expresión de la realidad. Se trata, pues, de una metapoesía de carácter crítico. Este aspecto se enmarca en una tradición que adquiere gran importancia entre inicios de los sesenta y finales de los setenta a causa de su profusión y su indagación existencial que derivaron en tres soluciones: la metapoesía, la poesía experimental y la poesía del silencio.

El tema de la crítica del lenguaje y de la creación poética está vinculado con aspectos muy variados aunque relacionados: a) con la posmodernidad como tendencia de pensamiento basada en el escepticismo sobre los valores absolutos y estables («diccionario escolar monolingüe»); b) con el culturalismo como modo de aproximarse al arte y modo de percibir la realidad («Abisinia era el blanco, ya no»); c) con la ironía y la parodia como procedimiento de construcción lingüística que levantan la sospecha sobre el significado unívoco de los textos («¿Atrapar un acento sin arpón / y una pipa entre los labios?»).

En este último sentido, la referencia a “pipa” posiblemente sea un guiño a la pintura de Magritte (La traición de las imágenes; en francés, La trahison des images, 1928-1929, una serie de cuadros de René Magritte, famosa por su inscripción Ceci n’est pas une pipe, que significa «esto no es una pipa»). En relación con esta referencia pictórica, este poema también puede sustentarse en una de las tesis fundamentales de Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.” Si el pensamiento es una representación de la realidad, la realidad es aquello que se puede describir con el lenguaje (en este sentido, se aprecia que la realidad en el Tractatus es una imagen que resulta de un lenguaje descriptivo, y no una realidad en sí; por eso los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo). El poema es un intento de superar ese mi lenguaje, mi mundo mediante la imaginación poética que expande esos límites.

La elección de un género tiene implicaciones pragmáticas. El poema pertenece al subgénero del poema lírico-narrativo o del poema lírico-filosófico, según la clasificación de W. Kayser[1] (1976: 445-452) que distingue para estos casos la actitud de enunciación lírica (frente al apóstrofe lírico y el lenguaje de canción). En cualquier caso, el poeta no se ajusta a ningún género clásico o codificado, sino que en el poema desarrolla una ruptura del marco genérico propia de la modernidad.

 

[1] Kayser, W. (1976): Interpretación y análisis de la obra literaria, Madrid, Gredos, 4.ª edición.

9788416682812

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