El último sueño

marzo 4, 2017 § Deja un comentario

José Antonio Arcediano

Grochowiak!

La Garúa, 2016

¿Qué mueve al poeta acercarse a un determinado lugar, a un determinado tiempo, a un determinado nombre? ¿Y qué mueve al lector entrar en el extraño apóstrofe (Grochowiak!) que invoca su lectura? Quizás todo se deba a una intuición, a un orden extraño que rige dentro de uno mismo como una verdad ineludible. Y es que el lado aleatorio, lo indeterminado se esconde en nuestra naturaleza, como dice el compositor alemán Karlheinz Stockhausen en la cita que abre este magnífico libro de José Antonio Arcediano Grochowiak! (La Garúa, Barcelona, 2016). Efectivamente, las palabras de Stockhausen ya nos avanza una clave de José Antonio Arcediano ante su creación artística en este libro de poesía. Por un lado, lo indeterminado, el azar que conduce unas palabras ante el pentagrama del compositor o ante el papel en blanco del escritor. Por otro lado, la alianza de la música y la poesía ante esa incertidumbre, ese caos indeterminado que desembocará en un fluir de palabras que, sin duda, encauzará este libro, porque no se trata de un simple conjunto de poemas aislados con sus títulos tradicionalmente dispuestos, sino de una gran composición fragmentada en piezas en las que se destaca tipográficamente una palabra clave que funcionará también como referencia para el índice. Podríamos hablar incluso de esa forma genérica que Octavio Paz llamó poema extenso moderno, un poema río, cuya corriente se encuentra en la penúltima parte de la obra, como veremos más adelante. Con poema extenso moderno nos referimos a esa forma híbrida que surgió a partir del Romanticismo con Wordsworth, poemas-río en los que el yo poético ficcionalizado inicia en soledad su canto / llanto a orillas de un río o lago que, como si de un pensamiento se tratara, fluye y se dispersa universalmente. Como bien se expone en los trabajos de Juan José Rastrollo sobre este género, son muchos los ejemplos a lo largo del siglo XX y de estos dieciséis años del siglo XXI, pero podríamos señalar ahora, por ejemplo, La tierra baldía de T.S. Eliot, junto a tantos otros (Jiménez, Paz, Neruda…). Señalo a Eliot porque Grochowiak! encierra el pesimismo del hombre escindido del siglo XX, del hombre disgregado, difuminado o, como prefiere el propio Arcediano, del “hombre innecesario” del siglo XXI. En definitiva, estamos ante los hombres huecos, The hollow men, el poema de Eliot, que el autor trae también como referencia intertextual (Así termina el mundo / no con una explosión sino con un sollozo).

Pero qué nos propone el autor con este título Grochowiak!, nombre polaco que, sin duda, ya contiene el extrañamiento no solo del extranjerismo idiomático, sino sobre todo del lenguaje literario, de la magia de la palabra de la que no hay por qué conocer su significado, sino simplemente intuir para qué sirve: normalmente para abrir montañas que ocultan tesoros, o bien, como en este caso, para abrir la vida de un libro como este. Y digo vida, porque esa es la propuesta de Arcediano: hacer vivir al poeta Stanisław Antoni Grochowiak (Leszno, 1934 – Warszawa, 1976) o quizás hacernos partícipe del último sueño del polaco. No cabe duda de que la propuesta original de José Antonio Arcediano va más allá de la anécdota vital, de la recreación del poeta mediante la ficcionalización del yo poético. Se trata de ir más al fondo de una cuestión capital en poesía como es el sujeto poético y sus desdoblamientos. No es el momento ahora de hablar de los heterónimos de Pessoa ni de las vidas improbables de Felipe Benítez Reyes. Más allá de la invención de una vida, Arcediano recrea el pensamiento y la lírica de su personaje no de una manera frívola para mostrar su maestría en el dominio de otras poéticas, sino para identificar su propia voz con la del maestro polaco. Este es un aspecto principal especialmente en el primer apartado “La idea”, donde se presenta esa problematización de identidades de un modo más metapoético a través de una voz omnisciente que habla en el poema y que en cualquier momento confunde los planos (desconoce de quién son estas manos y cómo ha llegado hasta aquí) a través de esos elementos lingüísticos que son los deícticos, piedras que rompen la ventana que separan los planos de la voz del sujeto y del personaje, del enunciado y de la enunciación, del autor y del lector.

El poema “Ventana” presenta ese terreno de juego por donde la voz omnisciente nos presenta al personaje que escribe la clave de este libro aún sin resolver: Grochowiak. Efectivamente, el poeta polaco Stanislaw Grochowiak, una personalidad misteriosa y obsesionante, inspirado y maldito que precipitó él mismo su muerte a los 42 años como consecuencia de su alcoholismo.

José Antonio Arcediano a través del poeta polaco desdobla su voz poética en sujeto y objeto poético, autor y personaje, mediante un continuo azar de idas y venidas nominales con juegos lingüísticos que recuerda la lírica tradicional cancioneril. Al igual que Grochowiak, Arcediano transforma los viejos moldes bajo su mano alucinante: nombre, hombre, hambre

Sin duda, el dominio del lenguaje es necesariamente brillante para producir el efecto desangelador de lo que puede ser un sueño vacío. Tanto Grochowiak como Arcediano persiguen la verdad y saben que esa verdad no se encuentra en la habitual belleza superficial de las cosas, sino donde no se suele querer mirar, se encuentra en lo más desagradable, en la fealdad, en el hambre, en la crisis personal o en el absurdo de un mundo sin raíces, como diría Lorca. Estamos ante un canto extraño que no produce la vida, sino la muerte, un canto desencantado. Es la imposibilidad de ser uno con las cosas (el mundo). Un viaje a la nada. El nihilismo existencial es patente, el no lugar, el no hombre: Gro-cho-wiak.

La segunda parte del poemario “El reflejo” nos devuelve la imagen del hombre, se concreta la idea en un ser humano que se mira en un espejo, ese espejo que bien debe ser la metáfora de la página donde se escribe el poema: Un hombre y un espejo: / no hay sobre la Tierra / peores enemigos.

La tercera parte “La corriente” alude a esa metáfora fluvial de la que ya hemos hablado al referirnos al molde genérico del poema río. Lo interesante aquí es que estamos ya ante el monólogo dramático, de un sujeto poético en primera persona frente a la tercera que abundaba en las anteriores partes. Sin duda, es la más desgarradora por ese acercamiento personal. Por otra parte, en el penúltimo poema de esta sección, “Árbol”, hay otro quiebro personal hacia la segunda persona para increpar una venganza al mundo (El árbol rojo quiere / vengarse de vosotros). En el último poema “Repetido” de esta parte encontramos ya ese río que simboliza el propio poema, su corriente.

Por último, en la cuarta parte “El regreso”, la voz poética se concreta aún más en la figura de Grochowiak enunciando sus recuerdos con anclajes referenciales vitales como Lezno, su ciudad de nacimiento. De alguna manera, bien puede esta parte enlazar con el poema inicial dando paso a una estructura circular, a un infinito poema que se sueña a sí mismo. No obstante, también podría ser posible salir de ese movimiento circular, de ese último sueño etílico, si damos por desvanecido, al fin, el espíritu simbólico de esta ficción literaria, de este lirismo veraz que, quién sabe, dónde podrá reencarnarse la próxima vez, en qué otros poemas, libros o artefactos poéticos podría volver Grochowiak, quizás con otra identidad, a la conciencia lírica de su autor.

Daniel García Florindo

“El último sueño”, reseña sobre Grochowiak!, de José Antonio Arcediano. También publicada en fòrumgrama.

grochowiak

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