La hija del limo

abril 28, 2016 § 1 comentario

Rocío Hernández Triano

Pisar cieno

Algaida, 2016

Rocío Hernández Triano (Sevilla, 1976) es autora de los libros de poesía Viento de cuchillos (Ediciones En Huida, Sevilla, 2010), Equilibristas (Ultramarina Cartonera & Digital, 2010) y Los seres quebradizos (Torremozas, 2013) con el que obtuvo el XXX Premio de Poesía Carmen Conde. Con Pisar cieno (Algaida, 2016) Rocío Hernández Triano ha logrado el XXXIV Premio de Poesía Ciudad de Badajoz, un premio que se ha rendido naturalmente a la altura de una voz lírica excepcional, y cuyo valor puede ya verificar el lector que se acerque a las emocionantes páginas de este magistral libro.

Con un título tan declarativo como Pisar cieno se expresa una acción que la forma no personal del verbo –ese infinitivo– hace extensible al lector: una invitación, en definitiva, a hundirse con su lectura en lo más profundo de una poesía orgánica y visceral, emocionante y estremecedora, alejada de lo patético gracias a la sutil distancia irónica que la poeta despliega con su artesanal lenguaje. Como escribiera Octavio Paz «el poema no solo es una realidad verbal: también es un acto»:

El poeta dice y, al decir, hace. Este hacer es sobre todo un hacerse a sí mismo: la poesía no solo es autoconocimiento sino autocreación. El lector, a su vez, repite la experiencia de autocreación del poeta y así la poesía encarna en la historia.

Son palabras extraídas de Los hijos del limo, cuyo título mucho tiene que ver con este poemario de Rocío Hernández Triano, Pisar cieno, pues también la poeta se erige aquí como una hija del limo que vuelve sobre sí misma, replegándose en la niña que fue, la misma que conduce la mirada de la voz poética, especialmente en los poemas de la primera parte del libro, para pisar así su propio barro originario, su memoria enfangada en el subconsciente de lo que fue una infancia feliz pero interrumpida «in medias res» por la brecha existencial que impone la pérdida de sus progenitores.

Estamos ante una voz muy ecléctica en la que confluye un bello acervo popular con la resonancia en eco de poetas universales como Góngora («Elegía para la Inmaculada»), Antonio Machado («In medias res»), Lorca («La invasión de los bárbaros»), Alberti («Calíope») o César Vallejo («Garabatos»). A veces, encontraremos incluso guiños intertextuales que festejan dichas influencias.

Junto a estos clásicos también hay que señalar dos influencias actuales que la poeta explícita en las dos citas introductorias del libro pertenecientes, respectivamente, a Juana Castro (con la que se inicia el libro: «La que recoge el fango / que anega las palabras. / La que sacude el limo / del pan en las ventanas. / […] Toda la que / con su cuerpo y sus manos bate y purga / la basura del río / diario y tan sencillo del vivir») y a Isabel Pérez Montalbán (con la que se inaugura la primera parte del libro, «Libro de familia»: Los muertos nómadas). Con ambas citas se establece un evidente diálogo intertextual con la poética de este libro. Conjuga así Rocío Hernández Triano la mejor tradición lírica con un lenguaje brillante y de difícil sencillez, un lenguaje capaz de captar las imágenes más poderosas con las que el lector, si se deja llevar, podrá conmocionarse al hundirse en la honda temática de estos poemas: el ser humano. Porque la poeta mantiene una sabia mirada compasiva hacia el ser humano, hacia su frágil naturaleza de barro, que ya pudimos apreciar en su anterior libro Los seres quebradizos. En este nuevo libro parece imponerse como una línea de centralidad el retorno sobre la familia ya presente en su libro anterior. A ella se une el peso de la memoria como uno de los constituyentes del sujeto, entre la identidad y la agregación de elementos externos, como campo abonado para la dialéctica entre lo íntimo y lo social. Esta exploración abre un espacio de reflexión muy interesante que la autora consigue con una voz personal, identificable por una altura estética inusitada.

Sin duda, el símbolo bíblico del limo originario de la estirpe humana se abre aquí significativamente hacia un dolor existencial del ser, su soledad ante el abismo y su (sin)sentido de orfandad. A este vacío tratan de dar respuesta los poemas de Pisar cieno o, al menos, a construir lingüísticamente un espacio estilizado y luminoso para alojar la angustia de la pérdida. Estamos, pues, ante un libro de memoria, homenaje y elegía a los seres queridos del sujeto poético (padres y otros familiares), una elegía personal que, no obstante, se universaliza en la experiencia emocional de cada lector.

Las tres partes que estructuran el poemario: «Libro de familia», «Carnet de identidad» y «Otros documentos nacionales» son referencias que responden a la acreditación del sujeto civil y que también simbolizan el tránsito de las tres edades del hombre: infancia, madurez y vejez.

En la primera parte, «Libro de familia», encontramos la memoria del sujeto lírico donde reside su «infancia esdrújula» con el recuerdo de sus padres vivos en ese pasado que se muestra tan real como simbólico. En el caso del poema «Brovales» sobresale, en definitiva, una visión mítica y premonitoria, surrealista y aterradora. En él se presentan las figuras más referenciales del poemario con sus atributos simbólicos: la fortaleza mítica y protectora del padre («Mi padre, que era un tipo como un hacha, / podía reventar las nueces con dos dedos, / descabezar las víboras a correazo limpio. Nadaba hasta el abismo, al centro del pantano, / y también provocaba los veneros») en contraste con la naturaleza enfermiza de la madre («Mi madre, sus pechos mutilados, / sus extraños pañuelos de plantas fagocitas»).

Tras el pasado elegíaco que supone la primera parte del libro, la segunda parte, «Carnet de identidad», se inicia con el autorretrato «In medias res», donde se unifica en el poema el recuerdo, la identidad y el escenario social (que anticipa ya la tercera parte), una pieza con la que se abre un conjunto de poemas más autorreferenciales donde incluso la voz poética puede desdoblarse con uno de sus giros irónicos («Oh, Rocío, qué digna compostura tuviste ante la muerte, / qué llanto contenido, qué estilizada angustia, / qué asunción del destino inexorable»).

La tercera parte, «Otros documentos nacionales», evidencia que aunque este poemario es la expresión de una íntima verdad, de una memoria personal, no es menos cierto que en esa intrahistoria se muestra también la memoria colectiva de nuestro país. Así, al mismo tiempo, este libro también es un clamor social, un redoble de conciencia, pues la imagen del título pisar cieno también alude a una memoria histórica («María», «Transición», «Clase media») y a un tocar fondo de una crisis que despierta la conciencia de clases («Tercera edad», «Saldos»). Aquí, la poeta pasa del enfoque autorreferencial a poemas narrativos protagonizados por personajes que representan a un colectivo humano («Piedad»), simbólico («Calíope») o social («Jairo», «Sara»).

En definitiva, a través de un agudo sentido irónico y de un lenguaje convincente, cercano, expresivo y a la vez hondo y preciso como cuchillas, la poeta concilia en cada poema no solo una mirada introspectiva, sino también una visión social del mundo que al igual que el sujeto poético también pisa cieno. La poesía, pues, se entiende como un espacio compartido y con sentido para todos sin dejar de ser un testimonio personal y una ficción compartida.

Daniel García Florindo

pisar2bcieno

§ Una respuesta a La hija del limo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo La hija del limo en Aula poemática.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: