Dos consideraciones sobre «El decapitado de Ashton», de Iván Onia Valero

abril 17, 2016 § Deja un comentario

Recientemente publicado por la editorial andaluza La isla de Siltolá, el último libro del poeta Iván Onia Valero El decapitado de Ashton (2016) es una propuesta excepcional en el panorama poético actual. Conviene leer este libro de principio a fin, empezando por los paratextos entre los que encontramos una imagen del autor posando junto a un abecedario, una dedicatoria que reza: «A mis padres, principio» y una nota del autor donde agudamente se informa de la gestación del libro y se explica algunas elecciones como el propio título o se pone sobre la mesa una clave que me parece primordial en toda la obra del poeta: «El lugar donde un poemario, como un incendio, nace, es un triángulo fácilmente localizable entre los escombros de la memoria». Efectivamente, ya conocimos ese lugar del autor en su título Galería de mundo y olvido (2013). Sin embargo, solo apreciaremos la lógica irrefutable de estos paratextos tras leer este magistral libro. Los tres paratextos citados tienen en común la identidad y el origen. En el caso de la imagen queda patente además la relación del autor con ese abecedario que representa el lenguaje: su expresión poética. No es baladí esta apreciación, pues este libro es una constante reflexión sobre la identidad y la función del poeta y la poesía, entre otras cosas. Para empezar, ya el poema liminar «Currículum» nos sumerge con su primera palabra (Confieso) en una tradición confesional de raigambre romántica y, en seguida, tiene lugar una mención autorreferencial en el discurso narrativo del poema: «Para Iván Onia, con mi esperanza en él», una automención que inmediatamente problematiza todo el discurso lírico del libro y despliega el complejo debate en torno a la identificación del yo empírico o autorial con el sujeto lírico (yo enunciador y yo del enunciado), esa referencia desdoblada del sujeto lírico que, por un lado, confiere al poema un aura de verdad y que, por otro lado, utiliza la ironía caracterizadora de la modernidad para producir dicho efecto. Este desdoblamiento o escisión (decapitación) que separa y une al sujeto lírico en su esfera real y literaria es la que encontramos, a mí modo de ver, en el significado profundo de un título como El decapitado de Ashton. Por otra parte, la macabra imagen que, como explica el poeta, surge de las páginas de sucesos de un diario, es decir, del mundo compartido, de la realidad histórica que vive el autor, puede parecer, sin duda, más literaria que otra cosa, si pensamos en Washington Irving o en la Reina de corazones. Pero no, el decapitado de Ashton es también el sujeto escindido de nuestro mundo y es, por tanto, otro personaje más como el que protagoniza el primer poema que hemos comentado. Cuando Iván Onia Valero se nombra a sí mismo en el poema «Currículum» convierte su nombre en discurso poético, en un personaje metonímico que remite a sí mismo, pero también a una transfiguración del poeta. Algo parecido se consigue con la estrategia de los monólogos dramáticos que desarrollan los poemas centrales del libro como, por ejemplo, «Solo de poesía, de Edward Bloom» o los que componen la serie «Cinco noches y una cabeza cortada». Las elecciones de Edward y William Bloom son referencias que remiten también a la problemática que surge del enfrentamiento entre la poesía y la realidad. En el caso de estos personajes de la novela de Daniel Wallace Big Fish: A Novel of Mythic Proportions, llevada al cine por Tim Burton en 2003, queda patente la alusión intertextual que actualiza el conflicto que ya hemos señalado entre mundo real y literario, verdad y poesía.

Realmente, El decapitado de Ashton no es un simple conjunto de poemas. Estamos ante un discurso poético de considerable extensión con largas piezas que mantienen una integridad temática entre sí: repeticiones de versos y motivos claves en distintos poemas que cohesionan el gran poema único que resulta. También con los personajes de los monólogos dramáticos se teje una red narrativa y alegórica que unifica el conjunto. Lo descriptivo, narrativo, dialógico y lírico se congregan así en una suerte de hibridez genérica, aunque de esencia lírica. Todos estos rasgos caracterizan este libro como un magnífico poema extenso de la modernidad en la línea de los estudiados por Juan José Rastrollo en su reciente tesis «Cometemos un círculo que dura» (Sobre el poema extenso moderno). Pienso que El decapitado de Ashton es el poema extenso de toda una juventud decapitada aquí y ahora («Plaza de los decapitados»), un libro impresionante que apela a la inteligencia y a la emoción del lector para compartir un lenguaje que nos saca de la realidad para ahogarnos en ella.

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