Hölderlin y la esencia de la poesía (V): cuarta sentencia

diciembre 18, 2015 § 1 comentario

Pero ¿quién es el que realiza esa tarea de detener el tiempo y dar inicio a la historia? La respuesta es explícita en la sentencia de Hölderlin «Los poetas echan los fundamentos de lo permanente». Con dicha sentencia se vuelve de nuevo a la cuestión inicial sobre la esencia de la poesía. La poesía, dice Heidegger, es fundación del ser por la palabra de nuestra boca; esto es, el poeta es el encargado de dotar al ente de ser y esencia a través del nombramiento inicial, del vocablo esencial, llamándolo para lo que es y reconociéndolo como ente, sacándolo de la arrebatada corriente del devenir e instalándolo en la realidad histórica del hombre.

Esta palabra forma la conclusión de la poesía En memoria (Andenken) y dice: «Mas lo permanente lo instauran los poetas» (IV, 63 ). Esta palabra proyecta una luz sobre nuestra pregunta acerca del origen de la poesía. La poesía es instauración por la palabra y en la palabra. Qué es lo que se instaura? Lo permanente. Pero ¿puede ser instaurado lo permanente? ¿No es ya lo siempre existente? ¡No! Precisamente lo que permanece debe ser detenido contra la corriente, lo sencillo debe arrancarse de lo complicado, la medida debe anteponerse a lo desmedido. Debe ser hecho patente lo que soporta y rige al ente en totalidad. El ser debe ponerse al descubierto para que aparezca el ente. Pero aun lo permanente es fugaz. «Es raudamente pasajero todo lo celestial, pero no en vano» ( IV, 163 s.). Pero que eso permanezca, eso está «confiado al cuidado y servicio de los poetas» ( IV, 145 ). El poeta nombra a los dioses y a todas las cosas en lo que son. Este nombrar no consiste en que solo se prevé de un nombre a lo que ya es de antemano conocido, sino que el poeta, al decir la palabra esencial, nombra con esta denominación, por primera vez, al ente por lo que es y así es conocido como ente. La poesía es la instauración del ser con la palabra. Lo permanente nunca es creado por lo pasajero; lo sencillo no permite que se le extraiga inmediatamente de lo complicado; la medida no radica en lo desmesurado. La razón de ser no la encontramos en el abismo. El ser nunca es un ente. Pero puesto que el ser y la esencia de las cosas pueden ser calculados ni derivados de lo existente, deben ser libremente creados, puestos y donados. Esta libre donación es instauración.

Pero al ser nombrados los dioses originalmente y llegar a la palabra la esencia de las cosas, para que por primera vez brillen, al acontecer esto, la existencia del hombre adquiere una relación firme y se establece en una razón de ser. Lo que dicen los poetas es instauración, no solo en sentido de donación libre, sino a la vez en sentido de firme fundamentación de la existencia humana en su razón de ser. Si comprendemos esa esencia de la poesía como instauración del ser con la palabra, entonces podemos presentir algo de la verdad de las palabras que pronunció Hölderlin, cuando hacía mucho tiempo la noche de la locura lo había arrebatado bajo su protección.

(el texto continúa en el siguiente post o aquí)

Martin Heidegger

Arte y Poesía (traducción de Samuel Ramos)

§ Una respuesta a Hölderlin y la esencia de la poesía (V): cuarta sentencia

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