Tres poemas con nexo heroinómano

agosto 31, 2014 § Deja un comentario

NOCHE CANALLA

 

Yo no sé si la quise pero andaba conmigo,

me guiaba su risa por la ciudad tan gris.

Ella tenía en su boca colinas de Ketama

y el cielo de sus ojos me pintaba de añil.

 

Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre

en aquel cielo raso como un paño de tul.

Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin

y los labios morados como el Parfait-Amour.

 

La he perdido en un bosque de jeringas brillantes

por donde nos decían que se llegaba al mar;

se fue sobre un caballo de hermosos ojos negros,

por más que yo me muera no la podré olvidar.

 

Bajo el cielo ceniza me conducen mis piernas.

Esta noche no tengo ni esperanza ni amor.

Solo queda el calor de mi pobre navaja.

Hoy me he visto la cara de un retrato-robot.

 

A pesar de sus ojos he salido a la calle,

a pesar de sus ojos me ha tocado vivir.

En un barrio de muertos me trajeron al mundo.

Esta noche canalla no respondo de mí.

Javier Egea

Granada Tango, La tertulia, 1982

 

A SUS VENAS

 

Estos cauces que ves amoratados

y de amarillo cieno revestidos

eran la flor azul de los sentidos

que hoy descubre sus pétalos ajados

 

Besos verdes de aguja en todos lados

hieren la trabazón de los tejidos

y denuncian los brazos resentidos

la enigmática piel de los drogados

 

Las que llevaban vida y alimento

son tibias cobras de veneno breve

blanco caballo con la sien de nieve

 

Trotando corazón y pensamiento

que por las aguas de la sangre vierte

con rápido caudal la lenta muerte

Fernando Merlo

Escatófago, Amigos de Fernando Merlo, Córdoba, 1983

 

ESCALA CROMÁTICA DE LAS 3000 VIVIENDAS

 

Sevilla tiene un color especial,

un grito expresionista sobre asfalto:

abstracción alcohólica de añiles,

goterones de Pollock, oro en torre,

la pasión rojo sol, lágrimas vino

sobre lienzo y turquesa el oleaje

de la heroína rompiendo en las venas.

Demasiada pintura para nichos baratos.

Pero Sevilla tiene tantas vírgenes

y cristos milagrosos que abril se pone verde,

morado en las ojeras, sastrería marengo,

y el duende de Isla Mágica atasca tuberías

con su polvo de estrellas por doquier.

La asistencia social, que no da abasto,

agentes de la ley, municipales,

custodian a los santos y fichan horas extras

capturando camellos para la cabalgata,

pues pronto llega enero con todo su gris perla.

 

En el barrio los chicos van a clase

de tirones de bolso, de envolver papelinas,

de atletismo en carreras medio fondo,

al galope en caballo de negro rocinante,

equitación de urgencia y tiro al blanco.

De noche, en catequesis, aprenden a rezar

cuando llega la pasma o padecen un síndrome

amarillo de fiebre y labios lila.

Rezan, roban y rezan, monaguillos

de arrabal y tatuaje, su oración carcelaria:

Bendice nuestra moto laboral,

no adulteres el chute, azucara el limón,

que no sufra la madre, chocolate con leche,

que la pasma no llegue por sorpresa,

que mañana el bordillo no exista, ora pro nobis.

Consagra el trapicheo y el carmín

de los besos en buena última dosis.

Bendice el polvo nuestro, pan y alpiste,

y alivia la ira santa color naranja sangre.

Isabel Pérez Montalbán

Animal ma non troppo, Crecida, 2008

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